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Historia de los hospitales psiquiátricos

 
 
 

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Comenzaremos el recorrido enfocándonos en la totalidad de la llamada "manzana de la locura" de Buenos Aires, compuesta por los hospitales monovalentes psiquiátricos en el barrio de Barracas. Este lugar fue desde una temprana época escenario de la salud porteña. Hacia el siglo XVIII el lugar consistía en chacras que habían sido concedidas a los adelantados en la repartición inicial de tierras luego de la conquista.

Es entonces en 1734 que el vecino ilustre don Ignacio Zeballos dona a los jesuitas una manzana en el Alto de San Pedro. Actualmente el solar está ubicado en las cercanías de la Iglesia de San Pedro Telmo y en sus aledaños en dirección al oeste los jesuitas construyeron la Residencia de Belén. Con la repentina expulsión de la Compañía en 1767, dicho edificio pasó a ser Hospital General de Hombres (que ya en 1800 tenía la mitad de su población internada en su "cuadro de dementes").

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Foto de archivo: Hospital de la Convalescencia (actual Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano)

Un tiempo después se convertirá en Hospital Tisiológico Central ante las epidemias de tuberculosis; y finalmente, cuando esta enfermedad pudo ser controlada, se inauguró el CENARESO (Centro Nacional de Rehabilitación Social), en el mismo año de la creación del lindero Tobar García: año 1968. Las adicciones a partir de los 15 años constituyen la población actual de internados de la señorial construcción. Surgen de esta manera dos emblemas de la modernización del concepto de "infancia desviada". (Guemureman et al). Pero esta coincidencia no nos ilumina demasiado sobre la etiología de la institución y sus admitidos, que fue el disparador de esta búsqueda.

Volviendo a los orígenes de la salud en el barrio de Barracas, en 1760 el vecino Melchor García de Tagle fundó una Casa de Ejercicios para las mujeres que también donaría luego a los jesuitas. Allí se trasladó la Casa de Expósitos, luego llamada Casa Cuna -actual Htal Elizalde. La infancia estaba contemplada en la geografía del barrio puesto que también había un lugar para niños expósitos en las proximidades de la Convalecencia, última edificación jesuítica hacia el sur que luego quedaría en poder de Rosas. En el año 1854, luego de la caída del gobernante, las "dementes" del patio del Hospital General de Mujeres fueron trasladadas a estas instalaciones. Se conocerá a partir de aquí a este lugar como Hospital Nacional de Alienadas, actual Hospital Moyano.

Cabe destacar que en aquellos tiempos esta zona de Buenos Aires nada tenía de periférica. Si bien en 1870 Barracas al Sud padeció graves epidemias de fiebre amarilla, el exilio de la región hacia barrios lejanos como La Recoleta, por parte de las clases altas, no sería algo inmediato. Por el momento podríamos decir que son aquellas donaciones de particulares las que hacen de la salud una "cosa pública" (res-publica) tempranamente en el centro de Buenos Aires, lo cual incluye, a su modo, la "higiene mental".

Plano arquitectónico del Hospicio de las Mercedes (actual Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José T. Borda), hacia principios del siglo XX hospitales-psiquiatricos-planos

 

José Ingenieros, en su obra La locura en Argentina, nos ilumina sobre las condiciones de nacimiento de los hospitales psiquiátricos. El capítulo se llama "los modernos asilos para alienados", y data de la década de 1910. Si bien su relato es puramente descriptivo, a la distancia nos permitiremos algunas inferencias sobre estos hechos concretos.

En 1860 ya se había realizado una primera ampliación de los edificios del Hospital Nacional de Alienadas, sólo seis años después de su creación. De 1872 a 1874 se realizaron nuevas obras de ensanche. El muro de circunvalación, para fijar sus límites externos, data de 1879. Esto no detuvo el crecimiento del hospital: entre 1894 y 1908 se construyeron nuevos edificios dentro del terreno ya circunvalado, a causa del aumento de la demanda de internaciones. La capacidad de entonces era para 1200 camas, aproximada a la actual 100 años después, aunque es de destacar que en 1912 la cantidad de alienadas ascendía a 1911

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Antiguo Hospital San Buenaventura, luego Hospicio de las Mercedes, hacia el comienzo del siglo pasado.

 

En cuanto al Hospicio San Buenaventura (luego Hospicio de las Mercedes, actual Hospital Borda), abrió sus puertas en 1860. La primera ampliación tuvo lugar en 1876 ("Ensanchamiento del Hospicio de Dementes", Registro Oficial de Buenos Aires, 1876, dato que no concuerda con lo mencionado por Ingenieros). Entre 1882 y 1885 se realizaron nuevas obras. Éstas se vieron beneficiadas en 1905 cuando el hospital se nacionalizó.

En 1980 Claudia Olrog realiza un trabajo de campo en este lugar y en su obra "Antropología del hospicio" nos recuerda que las construcciones del Borda están dispuestas en una serie de capas arqueológicas, coexistiendo ejemplares de distintas épocas. Su jefe, Pages Larraya, nos señala que se trata de un hospital "más feo que el Moyano" por la acción de las mujeres de la Sociedad de Beneficencia que se hicieron cargo de las alienadas.

Uno de los edificios del predio del Borda había sido pensando para muchos destinos antes de ser inaugurado, como por ejemplo una escuela de enfermería. Hoy se llama igual que cuando se inauguró el 20 de diciembre de 1968: Dra. Carolina Tobar García -con la salvedad que ya no se denomina Hospital Nacional porque pasó a ser municipal en 1991.

De la misma manera que Margaret Mahler asegura que el nacimiento de un ser humano no es simultáneo al nacimiento psicológico (que se da más tarde), así estas instituciones parecen ser creadas ante una necesidad que las preexiste. El verdadero nacimiento de las mismas podríamos situarlo años después, cuando la institución va adquiriendo la forma definitiva, más allá de toda previsión, en los momentos en que se realizan los ensanchamientos. Este crecimiento de ingeniería civil que agranda los predios así como las paredes constituye una confirmación de la necesidad de esa existencia. El plano de la construcción constituiría entonces el equivalente de una "fecundación".

El Tobar García cumplió 38 años y nunca tuvo una obra de ampliación -hasta el año 2006. El antecedente, en cuanto a utilización del espacio circunvalado por sus muros, se da cuando la escuela que funcionaba en el tercer piso es reemplazada por una pequeña sala de internación para niños menores de 12 años -los que antes se solían internar, mientras estuvieran tranquilos, en el cuarto piso con las mujeres. La escuela especial, que responde a un linaje directo con el discurso de Carolina Tobar García, fue trasladada al edificio contiguo que, sobre la calle Ramón Carrillo, vio la luz entre el Borda y el Tobar.

Cabe destacar también que los últimos años se ha generado una discusión profesional a la vez que política sobre la necesidad de "desmanicomializar", de ir abriendo las puertas del hospital hacia la comunidad y disminuir el número de camas de internación. Si bien el perfil del Tobar es actualmente específico de situaciones agudas en psiquiatría infantil, de todos modos la institución también cayó bajo el manto de dudas sobre la necesidad de su existencia. De esta manera un crédito otorgado por el BID para la ampliación encontró un freno en alguna de las etapas finales de su implementación. Los profesionales fueron a los medios para que ese dinero, ya asegurado, no se perdiera. Solicitadas en los periódicos y apariciones de cámaras de televisión en los claustros del hospital ayudaron quizás a la reactivación de las gestiones, aun cuando el plazo para las mismas estaba vencido, en febrero de 2006. A fin del mes de marzo la obra estaba comenzando.

Retomando el tema de la población, Ingenieros nos informa lo que corroboran otros testimonios como las estadísticas del Moyano: muchos de los internados e internadas eran extranjeros -las fotografías de las pacientes del Hospicio de Alienadas de la década del 10 y del 20, expuestas en el museo, nos hablan de mujeres mulatas e indígenas en su mayoría.

En todo caso aquellas mujeres extranjeras que hablaba Ingenieros pertenecían a la población de indigentes que crecía en las calles de Buenos Aires hacia 1880. La apertura a las naciones de ultramar como política de Estado que privilegiaba su condición de identificación con culturas europeas tenía una contracara de la mano de este tipo de "flagelos", que Samuel Gache ya nos cuenta en su libro Climatología Médica -acerca de los diferentes tipos de enfermedad mental de los inmigrantes. Por otra parte muchos de ellos se encontraron en problemas para "hacer la América", así como tantos otros no pudieron superar su pobreza rural originaria.

La cuestión de la superpoblación con migrantes (ya sea europeos, ya de las provincias) no se extingue en el hecho de que aumentaran las internaciones psiquiátricas. Los mestizajes que se produjeron con estas incursiones aumentaron en grado sumo las cifras de niños abandonados. Si hacemos caso a Pinel, que en su histórica discusión con Itard ya aduce al niño abandonado de Aveyron una idiocia congénita grave e incurable, podemos inferir que esta conducta de abandono, en dicha época, pudo haber tenido como principales motivos estos dos: la vergüenza del mestizaje (con sus consiguientes hijos bastardos); y, por otro lado, la posibilidad de que muchos de ellos además contaran con algún grado de retraso mental.

Esto no debería sorprendernos: en lo relativo al Hospital Tobar García veremos que sus primeros pacientes provinieron en masa desde el Asilo-Colonia mixto para Retardados de la localidad de Torres (conocido hoy como "Montes de Oca"). Esta institución había sido creada ante la superpoblación del Hospicio de las Mercedes en 1918 mediante la reglamentación de la Ley 4953 del año 1906. La idea rondaba desde 1860, según Ingenieros.

Por más que parezca tarea inútil, detengámonos en el momento de la promulgación de la existencia de un lugar, cuando se ejecuta el enunciado performativo acerca de la pertinencia de una institución. Realicé una serie de entrevistas a profesionales que trabajaron en el hospital desde su inauguración, sorprendiéndome de la coincidencia de que todos decretaran de forma taxativa que un psiquiátrico infantil era en aquel tiempo algo "absolutamente necesario". En el caso del Tobar García el primer jefe de internación, Héctor Basile, relata que en 1957 se promulga la Ley 12628/57 que creaba el Instituto de Salud Mental , en la cual se hace mención a que "era inadmisible que en la República Argentina no existiera un Hospital Psiquiátrico Infanto Juvenil con su equipamiento correspondiente". Esto sucedió, por lo tanto, once años antes. La idea fue reflotada con velocidad durante el gobierno de Onganía, poniéndose en marcha una serie de reuniones del Instituto Nacional de Salud Mental que definirían ese destino. Apoyados en su momento por el Ministro Oñativia, el caso de la inauguración del Tobar estaría refrendado por el Dr. Julio Estévez, interventor de la Dirección de Salud Mental, mediante la resolución 966 del Instituto. El hospital tuvo recién en 1969 la apertura de su servicio de internación. Basile nos recuerda que la misión fundacional del hospital era la de "Ejecutar acciones de atención médica integrada especializada con el propósito de promover, proteger, recuperar y rehabilitar la Salud Mental de la población  Infantil". La lógica moderna de la prevención primaria, secundaria y terciaria.

Todo lo anterior nos llevó en un recorrido retrospectivo que parte desde la ampliación a la inauguración; de allí al plano y desde éste a la promulgación. Sin embargo vimos que este camino no alcanza para explicar la genealogía de la institución, por lo cual debemos remitirnos a antepasados más lejanos, remontando la historia. Así y todo tampoco nos bastará un detalle del pasado de la geografía o una mera descripción contextual. Por lo tanto pasemos del territorio a la población, como sugeriría Foucault.

La necesidad del Tobar García es una variable inobservable desde nuestro abordaje histórico, por más que nos situemos y analicemos la trama de la época. Es por esta misma premisa que cabe detenerse un instante en la clínica que dicho hospital atendía: una clínica del desamparo y, justamente, de la necesidad. ¿Se trata hoy de la misma población?

Ya vimos que la niñez atravesaba una grave desprotección en el período "formativo" de la sociedad porteña finisecular. Esto, a su vez, hacía que la agenda estatal se ocupara de las cuestiones de la infancia con bastante asiduidad. Por ejemplo ante la mencionada epidemia de fiebre amarilla de 1871 el gobernador de Buenos Aires promulgó un decreto titulado: "Los huérfanos de la epidemia quedan a cargo del Estado". Como ése, tantos otros ocupan el Registro Oficial de Buenos Aires de aquel año referidos a las acciones de la Sociedad de Beneficencia o diferentes intervenciones tanto para "huérfanos" o "expósitos" como para "menores" en general. A pocas cuadras del Tobar funciona la ex Casa Cuna, que es el hospital en funcionamiento más antiguo del que se tenga registro -comenzó a funcionar en 1779 como vimos, bajo la función de "Casa de Expósitos". Allí había un torno de madera mediante el cual se legitimaba el abandono de los ilegítimos: de un lado se depositaba al niño, se accionaba el torno que giraba y así el niño aparecía del otro lado con las monjas de la Hermandad de la Caridad, manteniendo a los responsables en el anonimato.

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