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Existió a partir de la década del 60 un movimiento que se caracterizó en Europa y Norteamérica por intentar la descentralización de la salud y volver los temas médicos hacia la sociedad. Se construyó así el Antihospital. Este movimiento se caracterizaba antes que nada a un grupo de profesionales comenzó a gestar políticas de salud y a tener un mayor impacto en la sociedad mediante la opinión y la difusión de sus ideas.

Si bien la llegada a la sociedad de las ideas médicas se da por la publicidad, con los mediacamentos patentados y el auge de los laboratorios desde fines del siglo XIX, es con la mediatización de la medicina en la prensa que conseguirá un impacto realmente evaluable. Es decir, a pesar de la incursión de los agentes de propaganda médica (los visitadores médicos de los laboratorios farmacéuticos) y las progagandas en radio y revistas de varios tipos de medicamentos, el periodismo científico comienza a tener un peso en las opiniones en la sociedad a partir de la segunda mitad del siglo XX.

El Antihospital se beneficiaría con este tipo de formato social para fomentar denuncias sobre inadecuación de los sistemas de salud a las demandas de la sociedad, a la iniquidad y desigualdad en la atención médica para las clases sociales.

Las luchas políticas que se instalaron en la sociedad a partir de dichas denuncias tuvieron como una de sus salidas más trascendentales la formación de un congreso en Alma Ata, auspiciado por la OMS, concluyendo así con la estrategia hoy en día conocida como APS o atención primaria de la salud, que privilegia la atención médica en un primer nivel.

Sin embargo, en este "laboratorio de ideas" previo a la enunciación de dicha estrategia reinante en países en desarrollo hoy en día, es posible obtener panoramas de la situación histórica con el fin de iluminar aspectos de las sociedades actuales. Una de las ramas de la medicina más comprometida con el "antihospital" fue, sin lugar a dudas, la psiquiatría, que ya atravesaba su propia crisis epistemológica desde hacía unas décadas, con la formación de las ligas de higiene mental en los Estados Unidos.

Antipsiquiatría

Lo que sigue es un ejemplo de cómo la locura vuelve a ser un tema de la sociedad a partir de haber sido una cuestión exclusivamente del área de la medicina. La antipsiquiatría pone en relieve las falencias de los sistemas psiquiátricos de atención, pero a la vez estamos interesados en ver qué es lo que pasaba "del otro lado", es decir, del lado de las sociedades científicas que sostenían un discurso histórico y hegemónico, de gran fuerza. De esta manera nos planteamos rever las cuestiones que van pasando al olvido una vez que un nuevo paradigma se instala. ¿Los de antes no tenían razón? ¿Acaso no vale la pena hacer un recorrido por antiguas hegemonías e intentar traducir y reflejar qué es lo que se proponían? ¿Estaban errados, o eran conceptos acordes al contexto de su sociedad?

Veamos entonces lo que tiene de interesante la historia de los psicofármacos, trasladándonos al lugar y momento donde comenzaron a usarse los productos actuales.

En Francia, tierra donde la psiquiatría nació, el nombre de fenómeno elemental nombraba lo que acontecía en la cabeza de un sujeto loco. Pero hoy en día se denomina productividad psicótica. Esto es de importancia ya que con esta fórmula comúnmente se evalúa la respuesta rápida a un neuroléptico: si el paciente detiene su productividad psicótica, no hay mejor evidencia de que hubo, efectivamente, una respuesta al tratamiento.

El paciente se estará acercando a lo que es un psiquismo normal, sin este tipo de fenómenos. A groso modo, esta desaparición de síntomas es uno de los principales objetivos de la psiquiatría de internación, lo que constituye la compensación inmediata del cuadro, y quizás principal función de la medicación. Al menos de la mano de esta espectacularidad en la desaparición de síntomas la psiquiatría ancla su nuevo auge, la catapulta que sucede con los resultados con el primer antipsicótico, la clorpromazina.

Esto vuelve a dejar a estos médicos en el centro de la escena en un momento donde muchos se habían volcado a las ahora lejanas tierras del psicoanálisis. De tal manera que en el Coloquio Mundial sobre Clorpromazina en octubre de 1955 la gente permanece estupefacta ante lo fehaciente de los datos. Por ejemplo, Sukru Aksel, de Turquía, presenta un trabajo que descubre una eficacia superior de la clorpromazina sobre la hibernación artificial, que consistía en dejar al paciente en estado neurovegetativo mediante fármacos durante varios días (8 en este estudio). Sukru describe de modo intachable la afinidad de esta droga con los ganglios de la base por estudios histológicos.

Pero bien, una de las 9 secciones del congreso se dedica a describir resultados bajo el siguiente título: “duración de las curas con clorpromazina”. Por lo tanto, ya estaban más que avisados que el efecto sobre la productividad era temporario. Esto inaugura una nueva etapa en los hospitales psiquiátricos, para Overholser, un agudo investigador de EEUU que reconoce un efecto mayor de esta droga, que sería según él un efecto sobre la comunidad: “ahora la gente está más cerca de reconocer en el asilo mental una institución médica”. En la sesión inaugural, tanto él (de EEUU), como el conocido Bleuler (de Suiza), pregonan su total admiración por la Escuela de París, cuyos ingenieros químicos elaboraron el producto que hoy todavía se usa.

Los fármacos con acción en la sociedad

Se trata entonces de diferenciar las posibles vías de llegada de todo lo que es tecnología a la sociedad en general, con el fin de poder establecer mercados de diferentes alcances. Si bien antes los mercados tenían como escenario una sociedad determinada, en alguna región o territorio específico, hoy en día los mercados se han vuelto tan abstractos que cosas concretas como "fármacos" no pueden ser entendidos sin el concepto auxiliar de "sociedad" o de terminología marketinera como los "nichos" en que un producto se desenvuelve.

Privilegiar entonces los análisis de mercado sin la finalidad de obtener rentas o maximizar ganancias, aumentar ventas y demás, la idea nuestra es detenernos en la reflexión de algunas cuestiones sociales que permitan cierta autogestión en la salud pública. Quedar presos de los laboratorios en tiempos de la globalización es demasiado sencillo, desde el punto de vista de la frecuencia con que esto ocurre, pero además por medio de la comodidad que representa llamar un fármaco por su marca comercial. Esta tendencia es innegable, y mérito de la industria que una sustancia química no sea conocida por su nombre científico sino por el nombre de fantasía con que expertos en marketing la bautizaron.

Traspasar esa jungla de significados es una tarea dificultosa, intentando moverse en el plano de mercados y clientelas móviles, sin sede, casi imperceptibles. Independizarse de eso suena a una tarea revolucionaria quizás descontextuada. Desde adentro, desde la logica imperante que se presenta otra vez como hegemónica, es posible crear estrategias de conciencia que permitan un accionar político ético al respecto. Para las industrias líderes, la sociedad es un objeto de conocimiento cuyas leyes estudia para poder accionar sobre ellas. Nos queda de nuestro lado observar y estudiar sus "leyes" para poder accionar sin depender de ellas.

 

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